Por Emmi Finozzi – Poeta
Hace unos días llegaba a mis manos el libro de un escritor granadino Juan Manuel Navarro residente en la isla llamado “El afilador de estrellas”, trás una primera lectura rápida pero muy enriquecedora, encontré un poema que días más tarde y con todo el revuelo formado alrededor de la construcción de la nueva mezquita de la ciudad de Manacor, me ayudó a entender muchas ideas y a sintetizarlas. El poema dice así:
EL DESTINO
Juan Manuel Navarro
Podríamos estar allí
pero nacimos
en la otra orilla.
La alegría de nuestras vidas
fue cuestión de geografía.
Cómo en un mundo donde estamos cada vez más globalizados, donde nos llega en segundos la información que alguien ha posteado en cualquier parte del planeta, la empatía y la solidaridad y el entender a quién tengo delante y “ponerme en sus zapatos” se han dejado de lado por una sociedad cada día más consumista y egocéntrica.
El libro de Juan Manuel, es una declaración abierta en contra de las injusticias del mundo moderno, hace especial hincapié en el tema de los niños y las mujeres migrantes, es una crítica con mayúsculas hacia la sociedad en que vivimos.

En los últimos meses hemos visto un aumento de la xenofobia y el racismo, motivado especialmente por algunos sectores políticos a los que les interesa más el desacuerdo que la unión, ya que como dicen algunas canciones y pensadores de hace tiempo, la unión hace la fuerza y eso no es interesante. Curiosamente “la alegría de nuestras vidas” o nuestra comodidad y nuestras preocupaciones van a depender del sitio en el que nacimos, hoy nos sentamos a ver la última serie que saca alguna plataforma o a discutir sobre la necesidad de poner una escultura en una calle u otra, pero no estamos preocupados, o más bien no “nos quitan el sueño” las miles de personas que se ven obligadas a dejar sus casas y sus familias para buscar un futuro mejor en alguna parte del mundo, aunque eso les obligue a morir en el intento.
El mundo debería ser un algo moderno donde se acepten las diferencias de los demás.
Cuando el mundo debería ser un algo moderno donde se acepten las diferencias de los demás y enriquecedor gracias a la mezcla de culturas, donde el estar más conectados debería servir para entender las situaciones ajenas, estamos viendo cómo poco a poco las fronteras se van achicando y pasan de países a comunidades o subculturas, como la información que se suponía que nos iba a ayudar a ser mejores personas y a entendernos de una forma ética, acaba siendo un arma de doble filo y promoviendo el auge de paradigmas que ya deberían haber desaparecido.
Entonces, en un mundo hiperconectado donde se están perdiendo las bases éticas de las sociedades, la poesía puede servir para recapitular acerca de nuestra humanidad compartida, conectándonos con las emociones más profundas de nuestro propio ser y ayudándonos a recordar que al final del día, todos somos migrantes de este viaje que es la vida.


